Motivaciones
Mis motivaciones son dos:
La primera, es que me gusta escribir, porque me gusta llenar espacios en blanco; el síndrome de la página en blanco del que filosofiaban algunos, para mí es simple: veo una hoja y la quiero llenar. Es compulsivo. Por eso me gusta escribir y dibujar, y generalmente dibujo cuando no tengo qué escribir. Y cuando no tengo qué dibujar, hago caricaturas, ya que éstas no requieren inspiración, sino observación, y algún sentimiento hacia quién se dibuja (créanme, hay caricaturas que se hacen con verdadero cariño, y otras que se hacen con un aborrecimiento terminal). Pero es fácil porque la mayoría del tiempo se tienen sentimientos -por ínfimos que sean- por las personas que están alrededor, y si no, no se las dibuja. Pero en cualquier circunstancia diferente, se escribe. Lo que haya más a mano.
La segunda, es destruír los circuitos cerrados de significaciones. Hubo un tiempo de mi vida en qué vivia hablando y escribiendo en clave. Fueron días amargos, porque fueron días alienados. Es una carga escribir manicomiamente. Es un alivio hablar con claridad y franqueza. O sea, qué la poesía ocultista me produce las náuseas más absolutas, me asfixia, y prefiero hacer todo lo posíble por comunicarme con claridad. Sin disfraces, con franqueza, y aún así con poesía.
Hoy no tenía nada más que escribir así que escribí esto para comenzar. (Por si alguien se preguntó la motivación para escribir mis motivaciones)
La primera, es que me gusta escribir, porque me gusta llenar espacios en blanco; el síndrome de la página en blanco del que filosofiaban algunos, para mí es simple: veo una hoja y la quiero llenar. Es compulsivo. Por eso me gusta escribir y dibujar, y generalmente dibujo cuando no tengo qué escribir. Y cuando no tengo qué dibujar, hago caricaturas, ya que éstas no requieren inspiración, sino observación, y algún sentimiento hacia quién se dibuja (créanme, hay caricaturas que se hacen con verdadero cariño, y otras que se hacen con un aborrecimiento terminal). Pero es fácil porque la mayoría del tiempo se tienen sentimientos -por ínfimos que sean- por las personas que están alrededor, y si no, no se las dibuja. Pero en cualquier circunstancia diferente, se escribe. Lo que haya más a mano.
La segunda, es destruír los circuitos cerrados de significaciones. Hubo un tiempo de mi vida en qué vivia hablando y escribiendo en clave. Fueron días amargos, porque fueron días alienados. Es una carga escribir manicomiamente. Es un alivio hablar con claridad y franqueza. O sea, qué la poesía ocultista me produce las náuseas más absolutas, me asfixia, y prefiero hacer todo lo posíble por comunicarme con claridad. Sin disfraces, con franqueza, y aún así con poesía.
Hoy no tenía nada más que escribir así que escribí esto para comenzar. (Por si alguien se preguntó la motivación para escribir mis motivaciones)


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