domingo 21 de septiembre de 2008

Yo tiraba mis camisas al suelo

"Y descubrí un mundo muy complejo
Estaba en mi imaginación
Le revendí la tele a mi viejo
Y soy feliz, y ahora creo en el amor"

(31 minutos)


Yo era un chico bastante normal
De partida, no me interesaba escribir en verso,
El verso no era más que el impulso de apretar "Enter"
Al final de una línea.

Yo tiraba mis camisas al suelo
Y eso me hacía bastante feliz
Llegaba cansado, no quería doblar mi ropa
Bastaba con llegar a acostarme y dormir

Tirar la ropa al piso no me traía mayor problema
Al otro día la recogía y a la lavadora. Listo.
¿Para qué doblar la ropa y complicarse?
No había más que hacerle.

Un día lo leí a Cortázar
Un día pájaros sobre el acroiris me hablaron de Huidobro
One day I read some Pink Floyd Lyrics
Y no fue más po!

Ahora, cada vez que tiraba mis camisas al piso
Me preguntaba si no había otra forma de tirarlas al piso
O si en realidad debía haberlas doblado y puesto en el closet
O si no sería mejor quemarlas con la plancha;

"¿Estaban realmente arrugadas las camisas?
¿Existían las arrugas, o eran construcciones linguisticas?
¿Realmente me hacía feliz tirar mis camisas al piso
O solamente era que no me atrevía a confrontar el closet para guardarlas?"

Nunca más me sentí feliz tirando mis camisas al piso
Aunque en el fondo de mi corazón no quería doblarlas
¡Yo era tan feliz tirando mis camisas al piso!
Pero los escritores me hacían preguntas todo el tiempo.

Ya no era feliz siendo feliz
La literatura me preguntaba: define feliz
Por eso me convertí en un infeliz
Que destría gradualmente su felicidad a preguntadas.

La literatura solo hacía preguntas
Su camino falaz hacia las respuestas
No era más que una presuntuosa forma de defenderse
De la triste realidad: NO era capaz de solucionar nada en absoluto.

¿Alternativas? Un desequilibrio entre el querer y el deber
40 miligramos de felicixetina cada día
Terapias, conversaciones desahogativas
Autoestrucción delirante del perro que lame sus propias heridas

[¡Heridas que no existían!]

Como me cuestionaba tanto lo de las camisas en el piso
Pensé que debería a lo mejor destruirlas
Y eso me puso triste y no quería, pero quemé algunas
Con la plancha, en busqueda de la "verdadera arruga"

[No sabía lo que hacía.]

Un maldía ocurrio una fatalidad
Mientras planchaba unas camisas que no quería planchar
En busca de la supuesta y literaria "verdad"
Dejé la plancha enchufada, mientras salía a preguntar

Al volver me di cuenta de que toda mi ropa se estaba quemando
De que toda mi casa se estaba quemando
De que toda mi vida se estaba quemando
¡Y solo por pensar demasiado!

Gracias a Dios, con las manos chamuscadas salvé mi camisa favorita
El incendio quemó la plancha y consumió completa la librería
Y me dí cuenta de que todo lo que quería en la vida
Era tirar mis camisas al piso, sin que nadie me preguntara nada.

Ese día olvidé como leer, y empecé a aprender a vivir.

sábado 13 de septiembre de 2008

Prólogo



..hasta es posible que nisiquiera se llame antiliteratura. Si, lo sé: es [muy] posible que me acaben tachando de pretencioso o megalómano, o más humildemente, de infantil, de una incurable pubertad literaria. Da lo mismo; la madurez está para después y para eso hay tiempo. Y si me gano algo de desprecio, el asunto puede salir tan bien como si no.

Pero eso es lo de menos, lo que importa es el otro, el otro que está al otro lado del libro, al otro lado de la página (o del blog). ¡Hola tú! No te mentiré: no sé quien eres, y no tengo idea de qué haces aquí. No pienso en ti cuando escribo. Bueno, un poco si, obvio, pero sencillamente no te veo. Además, yo NO espero -más vale que eso te quede claro, ¿me oíste?- que estés de acuerdo conmigo.

-Hey, hey: esa no es una actitud que te ayude a ganar amigos.

Si, pero internet no es para ganar amigos (salvo inolvidables excepciones, pero...  pero eso fue primero en persona, ¿no?)

Y la idea no es hacer amigos, sino dar cuenta de unas cuantas mentiras que se esconden tras esos objetos llamados "libros".